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Me niego a votar por el problema

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A solo días del proceso eleccionario donde los puertorriqueños escogen quienes administraran la colonia por los próximos cuatro años, mi mente se adentra en un viejo y recurrente conflicto.

Cada cuatrienio me enfrento al mismo demonio: ¿Votar o no votar?

La conflagración mental surge del hecho de que con solo participar de ese proceso electoral aún votando en contra de los partidos principales, depositando la papeleta en blanco o “dañando” la misma, se legitima el proceso como uno democrático y representativo.

Nada hay más lejos de la verdad.

Para comenzar, soy de los que piensan que el orden social que vive la isla de Puerto Rico es uno colonial producto de una invasión militar, legitimado por un tratado internacional del cual los puertorriqueños no fuimos parte. Por tanto, cualquier proceso político que sea parte de ese orden ilegítimo, es también ilegítimo en su naturaleza.

Otra reserva que tengo para participar de las llamadas elecciones es la crítica que pensadores como Noam Chomsky hacen del proceso electoral en Estados Unidos y que yo traigo a Puerto Rico. El intelectual estadounidense explica que en Estados Unidos el proceso electoral no decide quienes mandan o gobiernan.

Explica así, que al votar los estadounidenses solo escogen quienes administran, pero jamás votan por quienes verdaderamente les gobiernan, pues los que rigen en Estados Unidos no están en Washington, sino en Wall Street.

Usando esa misma lógica, mientras los puertorriqueños no votemos por quienes dirigen los bancos en Hato Rey o los grandes bufetes en el Viejo San Juan, no estaremos votando por los verdaderamente nos gobiernan en la isla.

Si descartamos los planteamientos anteriores y partiéramos de que el proceso electoral en Puerto Rico no es una farsa y que el estado de derecho es legítimo, todavía tendría reservas para participar del mismo, pues lejos de ser un ejercicio democrático, en el mejor de los casos esta consulta es un ejercicio de partidocracia.

El proceso electoral en Puerto Rico no es una herramienta para que cada ciudadano o ciudadana exprese su sentir o escoja a un grupo de hombres y mujeres que representen ese sentir en las estructuras estatales.

Lo que sí es el sistema es una maquinaria que surge y se mantiene desde los partidos políticos con la sola función de garantizar el espacio político y económico a esos mismos partidos. Un sistema de los partidos, para los partidos, por los partidos.

Desde esta perspectiva, votar no solo me parece un ejercicio de futilidad, si no que entiendo que al votar estoy respaldando, validando o legitimando este sistema colonial, plutocrático y partidista.

Ahora, por otra parte pienso, y aquí está el dilema del que hable al comienzo del escrito, que el votar o no votar, no puede ser una cuestión dogmática. Al fin y al cabo, el voto no es un fin en sí mismo. Más bien es una herramienta para ser utilizada según sirva para adelantar nuestras causas o intereses.

Si bien es cierto que el proceso sigue controlado por la misma plutocracia partidista y colonial de siempre, no es menos cierto que la inserción de nuevas alternativas da un carácter diferente a esta consulta.

El que organizaciones como el Movimiento Unión Soberanista (MUS) y el Partido del Pueblo Trabajador PPT decidieran usar la plataforma electoral como base a su discurso contestario redefine el viejo y gastado proceso electoral.

La presencia de estas alternativas nos permite usar el propio sistema, no para votar “simbólicamente” en contra de los partidos tradicionales, si no para dejar claro nuestro descontento con el orden actual.

Tomando el asunto de la criminalidad y la violencia por ejemplo. Las propuestas para manejar la criminalidad presentadas por estas dos colectividades mencionadas, así como las propuestas por el del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido de Puertorriqueños por Puerto Rico (PPPR) son en mayor o menor grado una denuncia al oficialista y fracasado discurso represivo y punitivo que se impone en el país por más de treinta años.

Estas colectividades denuncian las estrategias punitivas contra el crimen del Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PPD) como unas fracasadas que lejos de reducir la violencia social y criminalidad en el país, terminan aumentando la misma, pues la descontextualiza de las políticas económicas y sociales que las causan.

Es por esta razón que decidí participar en este proceso electoral.

Veo estas elecciones como un referéndum que nos permite denunciar cuan gastadas están las políticas públicas conservadoras que, como en el caso del crimen, lo que logran es seguir aumentando y agravando los problemas que dicen combatir.

Con mi voto pretendo dejar claro que exijo la búsqueda de nuevas alternativas para enfrentar esas problemáticas desde una visión social y económicamente integradas.

En palabras simples, pienso que votar por el PNP y el PPD es votar por los propios problemas que nos agobian.

Y yo me niego a votar por el problema.

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