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Serie Especial Consulta de Estatus (2012): ISLA SE CAE ECONOMICAMENTE PERO VAMOS DE NUEVO A PLEBISCITO

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En medio de su peor crisis económica en décadas y problemas sociales que incluyen una criminalidad desmedida, Puerto Rico celebrará su cuarto voto para decidir su relación con los Estados Unidos. Pero no agarren su silla--no se espera que haya un voto decisivo.

El por qué va a haber un voto plebiscitario para decidir o cambiar la relación territorial que tiene la Isla con los Estados Unidos tiene que ver, más que con ninguna otra cosa, con las aspiraciones de reelección del actual gobernador, Luis Fortuño, cuyo partido favorece que Puerto Rico se convierta en el Estado 51. Fortuño ha tenido cuatro años accidentados en el poder y se consideraba que su reelección era improbable. Entonces, de repente surgió la decisión de que Puerto Rico no podía vivir sin un referéndum más. En lo previos tres, la estadidad no salió favorecida. El movimiento pro-estadidad ha crecido desde el primer referéndum en 1967, pero no hay indicios serios que sea mayoritario. Algunos líderes del oficialista Partido Nuevo Progresista le advirtieron al Gobernador que un día de elecciones generales no era buen momento para un referéndum de status, probablemente pensando que la falta de popularidad de este afectaría la opción de la Estadidad. Pero ni modo, van los dos elecciones el mismo año y el mismo día. Solamente el papel casi ridículo que ha hecho Alejandro García Padilla, su rival principal, hace competitiva las elecciones generales. Este ni siquiera se presentó a un debate sobre el tema del status celebrado esta semana. La tendencia principal de su Partido Popular Democrático es de dejar las cosas como están, pero hay un ala que quiere negociar la relación con los Estados Unidos para que la Isla tenga más libertad económica y poder decisional sobre la aplicación a esta de las leyes que pasa el Congreso federal.

 

Durante el debate, Fortuño enalteció las virtudes de la Estadidad, mientras el candidato del muy minoritario Partido Independentista Puertorriqueño, Juan Dalmau y Luis Delgado de la Alianza Pro Libre Asociación Soberana hicieron lo mismo respectivamente con la independencia y la soberanía (que se diferencia de la primera, básicamente, porque Puerto Rico permanecería atado a los Estados Unidos). Dalmau cuestionó la sabiduría de permanecer atado a los Estados Unidos y poder tener efectivamente más poderes y capacidad para integrarse al mundo de la Globalización. La incapacidad de hacer tratados con otros países y pertenecer a organizaciones económicas internacionales son grandes preocupaciones para el futuro de Puerto Rico. Sin embargo, el Gobernador planteó que como estado sería mayor el dinero recibido de Washington. Enfatizó que solamente la Estadidad podría garantizar en el futuro la ciudadanía americana y que no habría imposición para que nuevo estado tuviese el inglés como idioma oficial. Estos son los grandes temores boricuas, junto al fin de fondos norteamericanos, ante la soberanía o independencia.

Mientras tanto, ninguno de los dos partidos principales tiene un plan económico que suena renovador. Un modelo económico anquilosado ha llevado a un empequeñecimiento del sector privado y un nivel de desempleo y de baja participación en la fuerza laboral asombroso. Por otro lado, los puertorriqueños están orgullosos de su cultura. Su bandera tiene una alta carga emocional, y muchos temen que la Estadidad la cultura se empobrecería con la anexión. Por esto quizás el estribillo por la radio de la Alianza por la Libre Asociación Soberana: “si gana la Estadidad nuestra bandera no volverá a ondear”. A lo que responde en otra pauta los estadistas: “Claro que quiero Seguridad, por eso voy a votar por la Estadidad”.

 

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