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Breves en la cartografía cultural: Y sí a su propio pueblo

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Luego de ventilar todas las razones del mundo para hacer de nuestra democracia una verdadera, les toca a los ciudadanos organizarse para hacerse escuchar. Y que nadie se equivoque: no es con un voto cada cuatro años que se logra cambios sustanciales y verdaderos. Para que el ciudadano pueda reconquistar la verdadera democracia no puede delegar en partidos políticos. La crónica de todos los días así lo evidencia. No es posible legislar a favor de un pueblo si se procede administrativamente como un club privado.

Puerto Rico ha tenido experiencias que han demostrado lo que puede lograr la verdadera democracia participativa. Quizás el más reciente acontecimiento en esa dirección fue la lucha contra el gasoducto. Esa experiencia arrojó luz en cuanto a estrategias efectivas de organización ciudadana. La huelga de los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en el 2010 también ofreció lecciones valiosas sobre democracia participativa pacífica que calaron hondo en la ciudadanía.

Ni siquiera tenemos que remontarnos a los años en que el pueblo se organizó tras la causa de la Paz para Vieques (otra oportunidad que perdieron los organizadores del Premio Nobel para premiar a verdaderos constructores de la paz mundial). En esto años recientes muchos puertorriqueños han retomado su lugar en las calles para desenmascarar la situación prevaleciente. Los ciudadanos, de una forma afectiva y efectiva, han unido voluntades. La acción democrática participativa, auto-gestionada por la propia gente -como frente colectivo ante los diversos atropellos- se ha dejado sentir y ha dado resultados.

Falta, sin embargo, que esa misma unión de voluntades se dé nuevamente en diversos órdenes de la vida cotidiana boricua. Solo así la democracia representativa será plena. No de otra forma será realidad que un ciudadano electo por voto, no sirva a otro$$$ y sí a su propio pueblo.

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