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Los antes excluidos le darán a Chávez otro término más

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En lo que respecta a Venezuela y su presidente, Hugo Chávez, hay que tomar lo que dice mucha de la prensa internacional, especialmente la norteamericana, con varios granos de sal. Noto sin asombro que hay un desfase entre lo que leo desde acá en San Juan y lo que me dicen mis fuentes en Venezuela. Esta vez no caigo; me voy con lo que me dicen los que están adentro. Me acuerdo que estaba trabajando en la mesa de América Latina de The Associated Press en Nueva York cuando el exgolpista ganó sus primeros comicios. La noticia fue recibida con curiosidad más qué con alarma; despúes de todo, la Guerra Fría ya había cesado y Francis Fukuyama en un derroche de inocencia simplona proclamaba que la historia se había acabado para ser sustituida por un paraíso con los Estados Unidos al mando. Chávez ha sobrevivido 14 largos años. Últimamente, se ve físicamente mejor a pesar de su padecimiento de cáncer. El domingo, 7 de octubre, tiene lo que la prensa internacional llama su reto más grande: su tercer intento por revalidar como presidente. La contienda será reñida debido a que la oposición está más unida que nunca, de acuerdo a la prensa. Su principal retador es Henrique Capriles, de la coalición Mesa de Unidad Democrática. Capriles, el gobernador de la segunda región más poblada del país, quién ha tenido una meteórica carrera en la política, es un hombre carismático que dice tener un enfoque pro-empresa guiado por una conciencia social. Dice que acabaría con la reforma agraria de Chávez y de venderle petróleo subsidiado a Cuba y Nicaragua. Capriles, que viene de una de las familias más pudientes de Venezuela, ha criticado fuertemente al Presidente por sus pronunciamientos internacionales izquierdistas, y lo ha acusado de crear una enorme deuda externa y condiciones económicas desfavorables para el país. Entre otras cosas, critica a Chávez por controlar precios de bienes esenciales y de imponer una irreal tasa de cambio.

Las condiciones de vida para gran parte de la gente de Venezuela han sido más difíciles de lo que se esperaría de un país tan rico. Pero es que tiene una historia de mal manejo económico y de desigualdades, lo que es común en América Latina. Mis amigos en Venezuela me prohíben que los identifique por nombre o posición, pero ayer conocí a un historiador puertorriqueño residente en Caracas que se atrevió a decir lo mismo que ellos en una charla. El Profesor José Ignacio Jiménez explica en términos sencillos las elecciones en su país adoptado (como si fuera un libro de la serie For Dummies). Bien, definitivamente hay problemas económicos en el país bolivariano, pero la clave del éxito de Chávez es uno de simple matemáticas. Es un país con mucha gente pobre que no votaba; había un 20 por ciento de abstención electoral cuando llegó al poder. Ahora se espera que haya una abstención electoral de sólo alrededor de cuatro por ciento. Hay más servicios para los pobres y más razones para que se mantengan votando; esa es la revolución bolivariana de Chávez. La gente que antes era excluida, dijo Jiménez, ahora está participando del proceso político y electoral. Ah, y por si acaso, es juego limpio. El sistema de votación ha recibido altos honores de sus observadores, incluyendo del expresidente norteamericano Jimmy Carter. Cierto, se tilda a Caracas como la capital del crimen, y todavía la clase media le teme a los habitantes del Cerro en Caracas, pero hay que explorar lo siguiente: el chavismo sobrevivirá a su líder si los cerreros siguen votando.

 

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