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Historia y memorias I: De monumentos y olvidos

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Roma es, posiblemente, uno de los lugares donde más frecuentemente, durante más tiempo y con mayor intensidad se han dado los procesos y situaciones que nos interesan aquí. Sin embargo, aunque voy a partir también de un ejemplo tomado de la actual capital italiana, se trata de un fenómeno muy extendido, que sucede y ha sucedido en múltiples sociedades (salvo un ejemplo que voy a explicar más abajo, dejo a los expertos en Historia de Puerto Rico la reflexión sobre el tema en la Isla, así como la identificación de otros casos de ese tipo).

La inscripción que se presenta al inicio se encuentra en uno de los cuatro pilares de un puente que atraviesa el río Tíber en la ciudad de Roma. El texto recuerda a un oficial militar italiano, menciona sus hazañas y justifica de esa manera el otorgarle una condecoración, que además es conmemorada con esa inscripción a la vista de los transeúntes. El texto menciona el supuesto heroísmo del personaje y su gran papel en África durante el combate contra enemigos que le superaban en número. Se pueden leer fechas correspondientes a los años 1940 y 1941, circunstancia que, junto al vocabulario y el lugar donde suceden los hechos (el "África oriental italiana") nos dan unas pistas de qué se trata. Alguien, parcialmente, y probablemente con intenciones que no compartiríamos, nos confirma las sospechas con su parcial añadido a mano: "imperiale e fascist(a)". Con ese añadido, el texto diría "y puro símbolo de la virtud romana de la Italia imperial y fascista".

Parece por tanto lógico suponer que, en algún momento, esa parte del texto original, y probablemente otras que no conocemos, fueron suprimidas, y que una persona anónima, probablemente simpatizante del ya derrotado fascismo de Mussolini, reescribió parte de lo borrado. En suma, se trata a todas luces de sólo uno de los numerosos ejemplos de cómo la Italia posterior a 1945 intentó borrar el pasado fascista y la alianza con el nazismo, tanto física como simbólicamente, aunque el pasado, quizás mucho más el traumático o vergonzoso, persiste y amenaza con resurgir. Como ya decía Renan, tanto o más importante es lo que las naciones olvidan sobre su pasado, como lo que recuerdan. La mutilación de la inscripción, que alguien tímidamente y suponemos que con nefastas intenciones intentó paliar, no es más que una muestra física, monumentalizada (es decir en la forma de objeto o construcción que recuerda o conmemora), de ese olvido nacional en su vertiente oficial.

Lo que se conoce técnicamente como damnatio memoriae, expresión que viene a significar algo así como condena del recuerdo, fue una práctica seguida por egipcios y romanos. Fue particularmente importante en inscripciones públicas, especialmente en aquellas situadas en monumentos. Tras la muerte del gobernante (faraón o emperador), era ya posible criticar y condenar sus acciones. Si la autoridad pertinente lo decidía así, no sólo se le negaban honores, notablemente la divinización (elevarlo a la categoría de un dios), sino que declaraban nulas sus decisiones y se procedía a borrar su nombre de los documentos, de las inscripciones, incluso se mutilaban o destruían sus estatuas. Borrado el rastro, destruidos los elementos físicos que rememoraban su nombre, sus construcciones, era anular su propia existencia, era como si el gobernante nunca hubiera existido.

Pero el problema es siempre mucho más complejo, como este caso nos indica. Alguien todavía recuerda, y ha podido reintegrar, parte de lo oficialmente suprimido. La intención de suprimir ciertas alusiones es lógica desde el punto de vista que el gobierno de la República Italiana estaba formado por personas y partidos políticos que, en muchos casos, se habían opuesto al régimen fascista e imperialista de Mussolini. Sin embargo, la condena y damnatio memoriae del nefasto régimen italiano, permitía distanciarse, casi ignorar, el papel de Italia de los años veinte, treinta y cuarenta del siglo XX, pero sobre todo el apoyo popular al duce y el hecho de que el país fue oficialmente enemigo de las democracias aliadas durante la Segunda Guerra Mundial.

En el estado en que quedó el texto después de la eliminación de aquello que lo identificaba explícitamente con el fascismo italiano, el reconocimiento al "héroe" continúa, pero fuera de contexto y sin referencia al sistema político y la actitud expansionista en la cual sus "gestas" se desarrollaron. El hecho de que la inscripción siga en su lugar sugiere que lo realizado por ese militar fue digno de elogio y, en consecuencia, implícitamente legitimo también lo hecho por el Estado italiano en aquel momento. Mucho peor que eso: el no condenar de manera alguna la política colonial africana de la que el oficial formaba parte, al hablar de "Imperio" sin aparente rubor, ese texto sigue considerando inferiores, meros espectadores, ni siquiera víctimas que lo fueron, a los pueblos africanos que vivían en los territorios en los cuales se desarrolló la política expansionista italiana. El texto provee la visión de los vencedores, ignora a los auténticos derrotados y desdibuja la identidad de los dirigentes, el contexto de la época, incluso se podría decir que las amputaciones posteriores contribuyen a la idea de que el fascismo y Mussolini eran cosa de unos pocos, que no tenían apoyo popular alguno, y que el oficial homenajeado estaba defendiendo legítimamente su patria de una agresión extranjera, afirmaciones todas ellas obviamente inexactas.

La manipulación del pasado, el olvido deliberado de aquello que no nos interesa o que implica una responsabilidad que no deseamos asumir, es una práctica habitual. El problema es que el pasado materializado, presente físicamente en edificios, monumentos y textos, ritualmente en fiestas y conmemoraciones, sigue muchas veces ahí, amenazando con retornar. Y las víctimas, los derrotados o el inconsciente pueden tomar la iniciativa y ofrecer su legítima versión, su recuerdo o visión de los hechos del pasado, su(s) propia(s) memoria(s) diferentes, alternativas o frontalmente opuestas a las oficiales.

Para finalizar, el ejemplo puertorriqueño que anunciaba unas líneas atrás. Esa situación creo recordar que fue mencionada en una ocasión por Daniel Nina y, claro está, merece un análisis crítico y una reflexión mucho más amplia que la que le puedo dedicar aquí. La Hacienda Buenavista, en Ponce, nos propone una reconstrucción de cómo debió ser el cultivo y la elaboración del café durante el siglo XIX. La recreación museística de la explotación agrícola muestra la organización técnica de la producción, cómo y dónde se plantaba, así como la maquinaria empleada, donde la fuerza hidráulica era esencial. También es una parte esencial la reconstrucción y muestra al visitante de la residencia de los propietarios. Aparentemente, la tecnología era tal que no se necesitaba ningún tipo de personal humano (quizás robots...), pues no existen o no se muestran los lugares donde vivían, comían, se relacionaban... En efecto, se trata de personas que restan prácticamente invisibles y mudas para la Historia tal y como es recreada, conmemorada y monumentalizada en ese lugar. No existe cuestionamiento alguno del reparto de la propiedad y de la riqueza, o de la explotación del trabajo y de la libertad de otros, por el contrario la Hacienda es casi un lugar idílico, un pasado perdido que nos gustaría recuperar para nosotros mismos, pero en el papel de hacendados y olvidándonos de los otros que sustentaban el sistema, especialmente de los esclavos. Un caso como el de la Hacienda Buenavista resulta más que oportuno como enlace o puente respecto a nuestro próximo texto, pues refleja exactamente lo que denunciaron personas como Bertolt Brecht, y teorizó más profundamente Walter Benjamin a partir de los años veinte del siglo pasado.

 

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