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Derecho Político: Soberanía y Ciudadanía

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El colega Ricardo Alegría Pons, me comparte su último libro, Materiales para un derecho político puertorriqueño (Ediciones Compromiso, San Juan, 2013, páginas: 109). Me parece un nombre sugestivo para un acercamiento a viejos debates nacionalistas en torno a la ausencia de poderes políticos, por ende la incapacidad de ser como nación, como pueblo. No obstante aclaro, el libro me sorprendió y me lleva a pensar sobre otras dimensiones que antes no había pensado.

A pesar de ser un texto breve, el mismo se divide en ocho capítulos, los cuales desarrollan una tesis básica: a partir de una noción y entendido del rol del derecho político, es que entonces el derecho tiene alguna razón de ser. El derecho político sirve, así nos sugiere el autor, para constituir, para fundar, para hacer un país. Es decir, distinto al derecho de lo jurídico, que sirve para administrar un país, hacerlo requiere de otro tipo de voluntad. Es una determinación de que algo se puede hacer. ´

En esta medida, el derecho político sirve para asumir una voluntad particular que permita determinar hacia donde se desea llevar el país. En esta medida, es algo novedoso, por lo pronto para mí, intentar recatar lo político que hay en el derecho. Pensaríamos en todo momento en torno al derecho de formas más rudimentarias y maltrechas. Pero pensarlo desde como un acto de intervención, una ejecución de voluntad, es otro tipo de paradigma.

Según Alegría Pons, para poder consagrar esta voluntad que se puede ejercer a partir del dominio y desarrollo del derecho político, hay que tener soberanía. Es este concepto normativo, Alegría Pons hace una segunda contribución, para indicar que no reproduce el debate dominante. No se trata ni de la definición clásica de soberanía como autoridad para hacer, ni de soberanía para ser libres. Por el contrario, este reconoce dichas definiciones y plantea la soberanía como un proyecto de voluntad colectiva (más cercano de JJ Rousseau). Entonces para el autor, se podría emprender sobre un proyecto soberanista que sea incluyente a toda la diversidad cultural que existe en el país, y que reclama una voluntad para fundar estado. No obstante, Alegría Pons se concentra más en el proceso que en el resultado.

El segundo componente sobre el cual Alegría Pons desarrolla su tesis, es sobre el manejo de la ciudadanía. Este señala que soberanía siempre va de la mano del concepto de ciudadanía. Para una lectura alterna, creo que de lo que habla el autor es sobre la gobernanza del estado sobre población. No obstante son solo los ciudadanos los que pueden reclamarle al estado, democrático y centralizado. En este sentido, y siguiendo la tesis de Eugenio María de Hostos, Alegría Pons nos lleva por un discurso bastante tradicional y un tanto conservador en torno a lo político y lo social.

En fin, no sin contradicciones esta lectura es una refrescante. Sobre todo porque está bien escrita, bien documentada y fundamentada, y sobre todo porque planea una idea que normalmente no escuchamos – el desarrollo de un derecho político en Puerto Rico. Adelante Ricardo Alegría Pons, ya veremos lo que colectivamente hacemos.

 

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