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El Che Guevara

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El Che Guevara entró a mi memoria cuando apenas tenía ocho años. Fue el primer regalo político que recibí en mi vida: una foto del Che, al estilo de Alberto Korda. Fue un regalo que Nela y Emiliano me hicieron en unas navidades. En su momento no lo entendí. ¿Quién es este señor, un tío mio? Al pasar del tiempo y la vida, lo comencé a apreciar. Es un regalo que 32 años luego atesoro. Hoy en la conmemoración del día en que fue ejecutado por fuerzas del ejercito Boliviano asistidas por la Agencia Central de Inteligencia (CIA por sus siglas en inglés), el Post Antillano lo recuerda.

Al Che hay que recordarlo por tantas cosas. Tal vez por su carácter difícil. Tal vez porque era dogmático. Tal vez porque era irreverente. En fin, hay que recordarlo pues se trata del guerrillero heroico que pensó que las revoluciones son realmente hablando exportables, y para muestras un botón: estuvo en Cuba, en el Congo, en Europa del Este, y finalmente en Bolivia. Pensaba que las revoluciones, con pasión y amor, se podían orquestar en cualquier país.

La vida, en esto, no le dio la razón. Lo que si le dio la razón la vida es en pensar que gente como él pueden ser idealizados por otras generaciones como un camino a seguir. En esto, el Che, aunque es la foto de Korda y una camiseta, es también la ilusión de otro mundo posible.

En fin, celebremos el amor, la pasión y sobre todo el optimismo que el Che Guevara tuvo para con la vida.

 

 

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