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¿Analfabetismo en Puerto Rico?

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Según el Departamento de Educación de Puerto Rico la analfabetización se estima en un 9% en la isla. El Departamento define la alfabetización como la habilidad de leer, escribir y hablar en la lengua materna; realizar operaciones matemáticas y solucionar problemas con el nivel de efectividad necesario para desempeñarse adecuadamente en el trabajo, en la familia y en la sociedad. La ley LP 105-220, Título II WIA de 1998 "The Adult Education and Family Literacy Act," añade a la definición tradicional el concepto de "Literacia en computadoras": que la persona adquiera los conocimientos y destrezas básicas para que pueda manejar una computadora. A mi juicio, estos números no revelan una realidad aún más preocupante que se palpa ante los pobres resultados de las pruebas puertorriqueñas de aprovechamiento. O peor aún, escuchemos a algún adolescente hablar, o leamos algunos de los escritos de nuestros universitarios. Al problema hay que llamarlo por su nombre, existe un problema de analfabetismo; Un analfabetismo latente pero escondido que lo conocemos como analfabetismo funcional. Se le llama analfabetismo funcional a la incapacidad de un individuo para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida. Se diferencia del analfabetismo en sentido estricto en que éste supone la incapacidad absoluta de leer o escribir frases sencillas en cualquier idioma. Mientras una persona analfabeta no sabe leer ni escribir, un analfabeto funcional, en cambio, lo puede hacer hasta un cierto punto (leer y escribir textos en su lenguaje nativo), con un grado variable de corrección y estilo.

Un adulto que sea analfabeto funcional no sabrá resolver de una manera adecuada tareas necesarias en la vida cotidiana como por ejemplo rellenar una solicitud para un puesto de trabajo, entender un contrato, seguir unas instrucciones escritas, leer un artículo en un diario, interpretar las señales de tráfico, consultar un diccionario o entender un folleto con los horarios del autobús. El analfabetismo funcional también limita seriamente la interacción de la persona con las tecnologías de la información y la comunicación, puesto que tiene dificultades para usar un ordenador personal, trabajar con un procesador de texto o con una hoja de cálculo y utilizar un navegador web o un teléfono móvil de manera eficiente.

A mi entender y de manera muy simple, este es el problema que debemos atender. Cómo podemos pretender ser competentes en matemáticas y ciencias cuando gran parte de la población carece de las destrezas básicas para aprender. Propongo que aprendamos de las experiencias de nuestros países hermanos y enfoquemos en una campaña de alfabetización, tanto para adultos como para niñ@s y jóvenes en edad escolar (k-12). Con seriedad de propósito, se puede lograr mucho en uno o dos años. Así lo han demostrado Cuba, Venezuela y Bolivia. Pero enfoquémonos hoy en la experiencia cubana.

En 1960, ante la ONU, Cuba se comprometió en convertirse en un territorio libre de analfabetismo y lo logró desde hace más de cuarenta años. El éxito, en aquel proyecto monumental en los años sesenta, fue posible gracias a la inteligente utilización de una herramienta imprescindible en casos semejantes: la movilización del pueblo. Bajo el lema martiano de “Si sabes enseña. Si no sabes aprende”, la fuerza alfabetizadora estuvo integrada por 121.000 alfabetizadores populares, 115,000 brigadistas y 35.000 maestros, más los cuadros políticos y los trabajadores administrativos de la campaña. La experiencia cubana no tiene precedentes en América Latina; sí continuidad por parte de dos naciones que luchan por su verdadera independencia y el socialismo: Venezuela en 2005 y Bolivia que, este año fue proclamada por la UNESCO Territorio Libre de Analfabetismo.

Ambas naciones contaron con la ayuda de Cuba –en el caso de Bolivia también con la de Venezuela-, que, además de experiencia, aportó material, método de alfabetización y personal especializado. Con el método cubano "Yo si puedo" ya se han alfabetizado cerca de 4 millones de personas, y, producido en catorce versiones, actualmente se utiliza en 28 países pertenecientes al continente americano, asiático y africano, con la debida asesoría del personal cubano que la aplicación del método requiere.

 

 

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