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Reflexiones veraniegas entre calor, desempleo y “ley y el orden”.

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Llegó el verano, corregidos todos los trabajos y entregadas las notas, regreso al desempleo.

Como miles de puertorriqueños que dependen del sub empleo, empleos chatarras,  trabajitos “part times”, o de chiripitas, los que enseñamos a tiempo parcial en las universidades del País también pasamos tiempos de “invernazos”.

Claro en el caso de los profesores universitarios es más bien “veranazo”. Pues es en verano que menos oportunidad de dar clases aparecen.

Como desempleado al fin, me paso los días buscando formas de entretenerme sin gastar.  Es decir de “comer sin trabajar”,  usando la lírica original del Gran Combo de Puerto Rico.

En mi caso, los libros acumulados en la mesa de noche son un buen refugio para parecer ocupado y escapar a los posibles proyectos caseros que puedan surgir de la mente de mi compañera de más de 30 años.

Otra forma de entretenerme es ponerme al día con los acontecimientos del país, escuchando las noticias de la radio y leyendo los periódicos en línea.

Así me expongo, no sólo a las propuestas gubernamentales para resolver los problemas, sino al sentir de ese sector poblacional que participa activamente de la discusión pública y que le interesa votar en las elecciones.

La experiencia no pudo ser más deprimente.

Varios días escuchando diferentes estaciones de radio y siguiendo las noticias publicadas en los periódicos digitales, me lleva a pensar que en el Puerto Rico de la segunda década del siglo XXI, cuando viene al crimen y la criminalidad, la población aparenta ser cada día menos educada y cada vez más conservadora.

El discurso de “ley y orden” desarrollado en Estados Unidos por los sectores más conservadores y trogloditas como respuesta a las protestas de la contra cultura durante la década de 1960, parece ser la norma aún de los llamados líderes de la oposición en Puerto Rico.

Parece como si la norma entre los que opinan en estos medios fuera que los criminales vienen de otro planeta o como si fueran seres endemoniados a quien se le debe tratar con la mayor severidad posible y contra quienes la única respuesta es la mano dura y el castigo severo y público.

Para estos conservadores boricuas, “los puertorriqueños” son vistos como una raza inferior a quienes sólo el total control del Estado puede elevar a la civilización del hombre blanco, capitalista que asegura ser heterosexual y cristiano.

De paso, escuchando o leyendo a estos “comunicadores silvestres” parecerían que no son puertorriqueños, pues siempre hablan de los boricuas en tercera personas: “los puertorriqueños son vagos o puercos”.

Para estos conservadores, la sociedad puertorriqueña se polariza entre los que tienen o creen tener, es decir “la gente decente” que debe protegerse de los marginados o excluidos, es decir los vagos y delincuentes.

Esta situación termina generando miedo e inseguridad en los que creen “tener”, es decir la llamada clase media que en Puerto Rico que realmente es clase pobre trabajadora –working poor- y que cada vez más ve reducirse sus recursos y espacios de influencia.

Es aquí donde radica el verdadero peligro, pues aprovechando esos miedos, los verdaderos poderosos aprovechan para pasar leyes de control social dirigido a limitar a los delincuentes, pero que termina limitando a todos los ciudadanos a un rol de meros productores disciplinados de riquezas y derrochadores consumidores de baratijas producidas por otros iguales que ellos en algún país lejano.

Es de esta manera que las medidas de mano dura, castigo seguro o cualquiera otra medida punitiva, termina produciendo más crimen y violencia que las que intentan combatir pues termina excluyendo social y económicamente a más personas.

No sé si es lamentable o doloroso, pero lo que si tengo claro es que en este momento histórico donde los políticos intentan justificar sus fracasos quitándole derechos al pueblo, es una situación peligrosa.

Es peligroso porque los pueblos si se equivocan.

Basta con mirar la Alemania de Hitler, la Unión Soviética de Stalin o el Estados Unidos de Reagan para darse cuenta de que los pueblos, no solo se equivocan, sino que pagan caro sus equivocaciones.

La visión de mundo de los nuevos conservadores estadounidenses, producto de los años del 1980, parece instalada en la sociedad puertorriqueña del siglo XXI, donde se impone esa visión de que el país tiene que ser uno de “ley y orden”.

Estos conservadores de nuevo cuño en Puerto Rico olvidan que cuando los pueblos se autoimponen esta visión de “ley y orden”, es porque fracasaron en desarrollar la convivencia y la tolerancia en la diversidad.

De igual forma olvidan que los pueblos que progresan son los que aprenden a convivir y a tolerar la diversidad, mientras que los que compraron el discurso de “ley y orden” terminan enjuiciados por la historia.

En fin que si madura como pinta, espero que la historia sea piadosa con nosotros…

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