Vie10242014

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Breves en la cartografía cultural: Fracaso

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Quien quiera servir a Puerto Rico debe tener como requisito fundamental un verdadero sentido de pertenencia por el País. En pocas palabras, amarle. Amarle implica conocer su historia, su proceso como parte del archipiélago caribeño, dentro del orbe hemisférico americano. Una América constituida por un mosaico de naciones, matizado por el intercambio cultural y continuo, desde Canadá a la Patagonia, en Argentina; esa diversidad que tanto caracteriza a nuestro litoral. En el Puerto Rico de hoy y del mañana el reto será el materializar en política pública el consenso; un consenso conformado por los diferentes sectores de una sociedad plural. No de otra forma se puede aspirar a representar a un pueblo; no de otra forma se evita lo de Such is life en funcionarios indolentes; no de otra forma es posible servir a las nuevas generaciones.

Con el segundero contando, con los granos cursando la ruta implacable en el reloj de arena, a cada ciudadano se le debe considerar un semejante en todos los aspectos, igual ante la ley, jamás como una persona inferior. Si la visión de quien gobierna no sintoniza con esa noción, que entiende su oficio como servicio dirigido al bienestar de todos los que integran el perfil cromático y diverso del País, entonces los resultados serán obvios: se atentará, entre otros órdenes de la vida social, contra la educación y se atentará contra la Universidad. Para nada la gestión gubernamental respondería a la formación de un ciudadano cabal, integral, completo, que ame verdaderamente a su País.

¿Acaso no están claro los motivos? Desde el siglo XIX los puertorriqueños han tenido que protegerse de quienes dan baile, botella y baraja, con fines que perpetúan deliberadamente la ignorancia colectiva. De cara a las próximas elecciones, el ciudadano tiene la responsabilidad de tomar su lugar en la vida democrática y cotidiana diaria, de modo que pueda trascender esa acción más allá del efímero voto al servicio, a últimas instancias, corporativo. Y conformar coaliciones y alianzas que permitan afianzar el bienestar general de los puertorriqueños. De lo contrario, estaremos abocados al fracaso.

 

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