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Reseña literaria de "0"

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El arte como imitación de la realidad ha sido un planteamiento que, desde que Platón lo funda en el Siglo IV a.d.C, se mantiene latente en la humanidad casi hasta el Siglo XVIII, cuando Kant asume que su existencia se justifica en sí misma. Defiende su autonomía de toda representación externa.

La poesía, por su parte, ha sido entendida como expresión artística desde que la palabra empezó a poblar la tierra. Nadie nunca ha dudado que el fin último de su estirpe sea el de provocar goce en el espíritu. La actualidad policromática en la que vivimos ha revelado el acto poético contra cualquier posibilidad de encasillamiento.

La lectura de textos líricos de la actualidad ha de hacerse considerando esta realidad. Es el caso de la más reciente publicación del poeta puertorriqueño Alberto Martínez Márquez, quien con el impacto de una brevedad cautivadora nos golpea hasta dejarnos fuera de combate.

La concisión es una táctica que empieza desde el título, pues “O” se nos manifiesta como un reto, un acertijo que esperamos descifrar en la lectura, pero no “O”, como plantearía Kant tiene valor estético en sí misma y su uso se justifica como un instrumento, cuya solidez no debe buscar explicación.

La visión que Martínez Márquez comparte con nosotros en este libro, es la que plantea un coqueteo frugal entre la reflexión y el lirismo, donde los extremos no entran nunca en juego. Estos dos procesos creativos se concilian y crean una poesía que encuentra en la filosofía filones de incuantificable valor estético. Aunque al tiempo que la dita de materia prima le da un sustrato que se mantiene fluyendo en todo el poemario. No es más que la búsqueda ontológica de ese ser humano que ha parido esta posmodernidad individualizante y extremadamente autónoma. El hueco existencial que provocan nuestros sistemas de socialización fuera del alcance humano.

Al leer “O”, nos sigue carcomiendo la necesidad de una razón, un motivo, una significación para ese título y es allí donde, debajo de la manga de la página veintinueve del poemario encontramos El Dorado poético de nuestra angustia, leamos: “O/centro del cero/que habita en /el oculto hueco/ de los vacíos silentes /donde la invisible oquedad /aflora furtiva / en íntima soledad/de ausencias” y de esta revelación aflora el milagro de la comprensión. Esa chispa que enciende la llama de la plenitud de un lector sorprendido, salvado de la oscuridad lacerante de la ignorancia.

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