Jue10232014

Last update12:25:42 PM

Breves en la cartografía cultural: de su propia cosecha

  • PDF

En Puerto Rico, quienes salgan respaldados por el voto del pueblo tienen la obligación de abolir las leyes que han minado la democracia participativa en estos últimos años. Doy ya por hecho que quienes han gobernado el País desde el 2008, se han descalificado a sí mismos. Llevar una cruzada contra el servicio público en Puerto Rico, quitando derechos adquiridos a tutiplén, afectando a la mayoría de los puertorriqueños para legislar solo en favor de privilegiado$$$, criminalizando la manifestación pacífica, utilizando a mansalva la fuerza, dará por resultado lo que veremos en las urnas.

 

Hay quien dice que lo que ha ocurrido en la gestión gubernamental ha sido causado por asunto de clases y no de partidos. Y algunos de los que han formulado esa teoría son correligionarios de esos ‘guaynabitos’. Lo cierto es que la poca sensibilidad traducida en eslogan tipo ‘medicina amarga’ ha sido sufrida, de una u otra forma, por la mayor parte de los boricuas. Es obvio que la visión de mundo de estos ‘políticos-empresarios’ no tiene nada que ver el bien hacia sus conciudadanos y sí con el lucro personal.

Quienes se llenan la boca hablando de ‘valores’ y simultáneamente excluyen y atropellan a quienes no entran en su reino, se descalifican para estar al servicio de un pueblo. Uno integrado por personas y sectores diversos y múltiples, que, en conjunto, conforman el perfil integro del País. Los nombres de quienes son estos personajes y personeros todos los conocen, y sus acciones manifiestas han seguido al pie de la letra lo que es gobernar sin respeto ninguno a los ciudadanos. Por lo anterior, más allá de dar o no dar credibilidad a promesas y palabras, lo que corresponde al ciudadano es escudriñar acciones y trayectorias para no caer en engaño. Nadie con su juicio sano le regala el voto a quienes sirven a intereses de unos poco$$$.

Si cualquier puertorriqueño escucha la canción Prohibido olvidar, del panameño universal Rubén Blades, recordará de inmediato estos últimos años de gestión gubernamental. No se puede ser déspota con su propia gente. La historia mundial ha dado lecciones sobre lo que sucede a quienes ejercen el poder sin respetar los derechos humanos y civiles más elementales. Los granujas del presente –como diría Benedetti- recogerán los frutos de su propia cosecha.

 

 

 

<